Hemos pasado las Navidades en casa de mis padres, en Zaragoza. Uno de los días, paseando mi marido y yo por una de las céntricas calles de la ciudad, vi en un escaparate un bolso que me dejó hechizada. Le dije a mi marido: «¡Voy a comprármelo!», y él me respondió: «¡Deja de estar gastando dinero que ya hemos gastado suficiente!». Así quedó la cosa porque yo soy una chica muy obediente.
El día 27 de diciembre, mi padre me dijo: «Hoy me voy a ir yo con tu marido a mirar unas cosas, ¿vale?». Mi madre y yo nos quedamos conformes porque ella y yo también teníamos planes por otro lado.
Nosotras fuimos al centro, a una casa de caramelos, muy cerca de la tienda donde yo había visto el bolso. Después de comprar, fuimos a tomar un café, y estando en la cafetería, le dije a mi madre: «¿Te juegas algo a que mi marido ha ido con el tuyo a comprarme el bolso para Reyes?» Y mi madre contestó: «¿Nos acercamos a la tienda a ver?».
Nos acercamos hasta la tienda y allí estaba el bolso en el escaparate, tal y como yo lo había visto la última vez. Cuando se lo enseñé a mi madre, ella dijo: «Si yo supiera que tu padre no me ha comprado uno a mí, me llevaría uno, porque la verdad es precioso». Así que ni corta ni perezosa, entré a la tienda y le dije a una de las dependientas: «Mira, perdona, ¿me puedes decir si dos hombres han estado mirando estos bolsos?», la muchacha me dijo (sonriendo): «Señora, eso no se lo puedo decir». «Bueno, pues si no me puedes decir eso, dime por lo menos si se han llevado uno o dos bolsos, porque si se han llevado sólo uno, mi madre se llevaría otro». «Sólo se han llevado uno» - me contestó. Automáticamente mi madre dijo que se llevaba uno de un tamaño un poquito mayor, que además era el último.
Nos fuimos para casa.
Al llegar a casa, mi madre le dijo a mi padre: «¡Mira cariño, el bolso que le he comprado a la chica!» Al ver el bolso, a mi marido le cambió la cara. Si hubiera podido hacerle una foto...
Entonces le dije: «¡Que no bobito! Que ese bolso se lo ha comprado para ella, solo que como yo me imaginaba que habías ido a comprármelo, le dije que te gastara esa broma».
Mi marido sacó el paquete con MI bolso del cuarto y mientras me lo daba riéndose, me dijo: ¡BRUJA!
Pero no creo que sea cosa de ser bruja o no serlo, creo que es más cosa de la complicidad que hay entre los dos y ver la cara que puso cuando le dije que estaba enamorada de ese bolso.
"La vida no es medida por el número de respiraciones que tomamos, sino por los momentos que nos hacen contener la respiración"
lunes, 17 de enero de 2011
domingo, 26 de septiembre de 2010
Conciertos y adolescencia.
Ayer 25 de septiembre, por ser las fiestas del Cristo de La Laguna, había un concierto de David Bisbal a las 22:30 horas. Nosotros vivimos muy cerca de la Plaza del Cristo que es donde se realizó ese concierto. A medio día pasamos con el coche, camino de casa, por dicha plaza, y vimos que había adolescentes y no tan adolescentes haciendo fila con tiendas de campaña, colchonetas y sillas para coger el mejor puesto y poder ver de cerca a su ídolo.
Al verlas yo dije algo así como: «Hay que tener valor para estar haciendo cola por ver a un cantante». Mi marido me miró y me dijo, piensa en cuando tú eras adolescente... Y tenía razón, siendo no tan adolescente, con 23 años, vino Luis Miguel a cantar a Zaragoza, era un concierto que yo llevaba esperando más de 11 años. Convencí a una amiga para que viniera conmigo. El concierto costaba 10.000 de las antiguas pesetas y actuaba el 12 y 13 de octubre.
En esa época yo trabajaba de noche en una editorial. Salí a las 06:30 de la mañana de trabajar, me fui al centro de Zaragoza para hacer cola hasta que abrieran la taquilla a las 09:00. Creo que compré las entradas a eso de las 12:45. Una entrada para mí para el día 12, otra entrada para mi amiga para el día 12, y otra entrada para mí para el día 13. Increíble, ni me lo pensé. Disfruté de ese concierto dos días seguidos y no me arrepiento de haberme gastado 30.000 pesetas.
Ahora, pensándolo bien, no puedo hablar ni criticar a las adolescentes y no tan adolescentes que ayer por la mañana hacían cola para ver de cerca a su ídolo. Yo también lo hice. Que aprovechen y disfruten ahora.
Al verlas yo dije algo así como: «Hay que tener valor para estar haciendo cola por ver a un cantante». Mi marido me miró y me dijo, piensa en cuando tú eras adolescente... Y tenía razón, siendo no tan adolescente, con 23 años, vino Luis Miguel a cantar a Zaragoza, era un concierto que yo llevaba esperando más de 11 años. Convencí a una amiga para que viniera conmigo. El concierto costaba 10.000 de las antiguas pesetas y actuaba el 12 y 13 de octubre.
En esa época yo trabajaba de noche en una editorial. Salí a las 06:30 de la mañana de trabajar, me fui al centro de Zaragoza para hacer cola hasta que abrieran la taquilla a las 09:00. Creo que compré las entradas a eso de las 12:45. Una entrada para mí para el día 12, otra entrada para mi amiga para el día 12, y otra entrada para mí para el día 13. Increíble, ni me lo pensé. Disfruté de ese concierto dos días seguidos y no me arrepiento de haberme gastado 30.000 pesetas.
Ahora, pensándolo bien, no puedo hablar ni criticar a las adolescentes y no tan adolescentes que ayer por la mañana hacían cola para ver de cerca a su ídolo. Yo también lo hice. Que aprovechen y disfruten ahora.
viernes, 23 de julio de 2010
Recuerdos.
He estado releyendo mi blog, el cual hacía mucho tiempo que no leía y me he encontrado con alguna sorpresa. Una de ellas es que yo pensaba que mi blog no lo leía nadie salvo mis amigos, pero veo que no, que hay gente ajena a mí que lo lee, y que además se interesa por lo que pongo. Muchas gracias a todos.
También he estado leyendo por enésima vez «El último adiós». Aquel que le di a mi amada compañera perruna Hestia. Y leyendo me ha venido a la cabeza una cosa que jamás se me podrá olvidar.
Hace algo más de 1 año yo estaba embarazada, con la mala suerte que no pudo llegar a buen término y con 13 semanas de gestación sufrí lo que los médicos llaman una «muerte fetal». No voy a entrar en detalles de eso. Pero lo que sí que voy a contar es lo que me pasó con Hestia.
Cuando yo llegué a casa del hospital, hecha polvo y sin querer ni mirarme al espejo (mi marido estaba de viaje, mala suerte) llegó Hestia y puso su cabezota en mi pierna como pidiendo permiso para subir al sofá. Subió y se sentó a mi lado. Yo no dejaba de llorar. Estuvimos así las dos como 4 horas. Pero lo más impresionante de todo, y lo que jamás y nunca se me podrá olvidar, es que cada lágrima que rodaba por mi mejilla, ella las lamía. No se movió de mi lado. No ladró. No pidió bajar a la calle. Estuvo conmigo en uno de los momentos más duros de mi vida, en el cual estaba sola. Mis padres lejos, mi marido lejos. Estaba sola, sólo la tenía a ella. Y ella estuvo ahí, conmigo.
Y ahora yo me pregunto, ¿cómo puedo olvidarme de eso? ¿Cómo no la voy a echar de menos? Ella fue la única que estuvo a mi lado, y 6 meses después de esto, también se marchó para siempre.
Ójala algún dios la tenga en su gloria porque ella se lo merece.
Gracias Hestia.
También he estado leyendo por enésima vez «El último adiós». Aquel que le di a mi amada compañera perruna Hestia. Y leyendo me ha venido a la cabeza una cosa que jamás se me podrá olvidar.
Hace algo más de 1 año yo estaba embarazada, con la mala suerte que no pudo llegar a buen término y con 13 semanas de gestación sufrí lo que los médicos llaman una «muerte fetal». No voy a entrar en detalles de eso. Pero lo que sí que voy a contar es lo que me pasó con Hestia.
Cuando yo llegué a casa del hospital, hecha polvo y sin querer ni mirarme al espejo (mi marido estaba de viaje, mala suerte) llegó Hestia y puso su cabezota en mi pierna como pidiendo permiso para subir al sofá. Subió y se sentó a mi lado. Yo no dejaba de llorar. Estuvimos así las dos como 4 horas. Pero lo más impresionante de todo, y lo que jamás y nunca se me podrá olvidar, es que cada lágrima que rodaba por mi mejilla, ella las lamía. No se movió de mi lado. No ladró. No pidió bajar a la calle. Estuvo conmigo en uno de los momentos más duros de mi vida, en el cual estaba sola. Mis padres lejos, mi marido lejos. Estaba sola, sólo la tenía a ella. Y ella estuvo ahí, conmigo.
Y ahora yo me pregunto, ¿cómo puedo olvidarme de eso? ¿Cómo no la voy a echar de menos? Ella fue la única que estuvo a mi lado, y 6 meses después de esto, también se marchó para siempre.
Ójala algún dios la tenga en su gloria porque ella se lo merece.
Gracias Hestia.
viernes, 22 de enero de 2010
Sentimientos
«La vida es un arco iris que incluye el negro.»
Yevgeny Yevtushenko (1933-?) Poeta ruso.
Yevgeny Yevtushenko (1933-?) Poeta ruso.
viernes, 6 de noviembre de 2009
Una bonita historia
Trabajo en un obrador de panadería industrial, de ese que el pan sale precocinado y en destino se termina de hornear. Pues bien, hace unos días hubo una avería en una máquina y como resultado se tiró mucho pan. Entonces llaman a unos señores que tienen granjas de animales para que recojan el pan que quieran ya que no sirve para el consumo humano por excesiva fermentación. Uno de estos señores tiene una escuela de equitación y aparte tiene cochinos y vacas, y él dice que a las vacas les encanta el pan, que es como si a nosotros nos dieran una golosina.
Yo siempre le pregunto por sus animales, ya que a mí me encantan, y me cuenta cosas. Es un señor de campo, un hombre rudo, embrutecido por el campo. Me contó que ahora tiene 3 cochinos (que uno de ellos servirá para alegrar la Navidad) y 9 vacas. Yo le pregunté si no le daba pena matar los animales que él cría, y me contó una bonita historia.
Me dijo que cuando él empezó a criar vacas, hace unos 8 años, (que las tiene porque le gustan, no porque le den dinero) quería comprar una vaca típica canaria. De esas marrones y con cuernos. Se enteró que en una casa allá por La Esperanza (zona rural y agrícola de Tenerife) había un señor que vendía una, así que se fue. Era una casa más bien pobre, y los animales casi vivían dentro de la casa con ellos. Se acercó al hombre, un típico «mago» esperancero (en Tenerife es el típico hombre de pueblo y de campo) muy envejecido por el campo y bruto. Le preguntó por la vaca que vendía y se la enseñó. Era una novilla, pero estaba flaca, y él quería algo un poco más hermoso (según él me dijo, en las vacas también existe la complexión como en las personas), y cuando le dijo que no le interesaba, se fijó en una vaca típica holandesa, de esas blancas y negras, la típica vaca. Le llamó la atención lo flaca que estaba, pero no por desnutrida, sino por la edad. Le preguntó que porqué no vendía esa vaca, que sólo le daba pérdidas. (A estas alturas, el narrador estaba con lágrimas en los ojos) El hombre lo miró y le dijo: «¿Ve usted a esa muchacha que está allí?» «Sí.» «Bien, pues es mi hija y tiene 23 años, es la menor de mis 5 hijos, y esa vaca ha criado a mis 5 hijos. Esa vaca se muere dentro de mi casa.»
El hombre que me contó esto no dejó de llorar, y pese a ser un hombre grande y fuerte no se escondió, y me dijo que en la ganadería hay gente mala y buena, como en todos los sitios, pero que por lo general, los que crían a sus animales a pequeña escala, les duele mucho desprenderse de ellos.
Me dijo, que aquella vez un «mago» le dio una gran lección de humildad y humanidad.
Yo siempre le pregunto por sus animales, ya que a mí me encantan, y me cuenta cosas. Es un señor de campo, un hombre rudo, embrutecido por el campo. Me contó que ahora tiene 3 cochinos (que uno de ellos servirá para alegrar la Navidad) y 9 vacas. Yo le pregunté si no le daba pena matar los animales que él cría, y me contó una bonita historia.
Me dijo que cuando él empezó a criar vacas, hace unos 8 años, (que las tiene porque le gustan, no porque le den dinero) quería comprar una vaca típica canaria. De esas marrones y con cuernos. Se enteró que en una casa allá por La Esperanza (zona rural y agrícola de Tenerife) había un señor que vendía una, así que se fue. Era una casa más bien pobre, y los animales casi vivían dentro de la casa con ellos. Se acercó al hombre, un típico «mago» esperancero (en Tenerife es el típico hombre de pueblo y de campo) muy envejecido por el campo y bruto. Le preguntó por la vaca que vendía y se la enseñó. Era una novilla, pero estaba flaca, y él quería algo un poco más hermoso (según él me dijo, en las vacas también existe la complexión como en las personas), y cuando le dijo que no le interesaba, se fijó en una vaca típica holandesa, de esas blancas y negras, la típica vaca. Le llamó la atención lo flaca que estaba, pero no por desnutrida, sino por la edad. Le preguntó que porqué no vendía esa vaca, que sólo le daba pérdidas. (A estas alturas, el narrador estaba con lágrimas en los ojos) El hombre lo miró y le dijo: «¿Ve usted a esa muchacha que está allí?» «Sí.» «Bien, pues es mi hija y tiene 23 años, es la menor de mis 5 hijos, y esa vaca ha criado a mis 5 hijos. Esa vaca se muere dentro de mi casa.»
El hombre que me contó esto no dejó de llorar, y pese a ser un hombre grande y fuerte no se escondió, y me dijo que en la ganadería hay gente mala y buena, como en todos los sitios, pero que por lo general, los que crían a sus animales a pequeña escala, les duele mucho desprenderse de ellos.
Me dijo, que aquella vez un «mago» le dio una gran lección de humildad y humanidad.
viernes, 21 de agosto de 2009
Un último adiós
Realmente no sé como empezar a escribir esto. Tengo tantas cosas que decir de las que recuerdo que me forman un torbellino en la cabeza.
Entró a formar parte de mi vida el 1 de Mayo de 2000, con 19 días. Salió de mi vida para siempre el 19 de Agosto de 2009. Ahora ya es parte de mi pasado, pero no es tan solo un recuerdo, fue algo más. Fue un pilar muy fuerte e importante. Fue mi compañera de alegrías y también de tristezas. Ahora está con su padre, Yako, en el cielo que tiene haber para los perros, saltando de nube en nube persiguiendo mariposas.
Alguien me dijo ayer que nunca había visto a un perro tan feliz como Hestia, que puedo sentirme orgullosa de lo bien que la había cuidado. Voy a quedarme con eso, saber que la cuidé, la mimé y la quise todo lo que pude.
Te echo muchísimo de menos, Hestia. Te quiero.
viernes, 3 de julio de 2009
MQMF
Hoy hemos tenido visita oficial en la empresa. Ha venido la plana mayor de accionistas (entre ellos algún que otro político y ex-político canarios). Realmente no sé cuantos eran, pero a ojo de buen cubero, serían unos 14 ó 15, entre ellos una sola mujer.
Han visitado la empresa, han hecho fotos, les han hecho un ágape, en fin, tonterías varias.
Cuando se han ido, ha venido un compañero y me ha dicho: «¿Has visto a la MQMF que iba con todos esos?». ¿MQMF?, le digo yo. Y la respuesta de él me ha dejado que no he sabido qué decirle. «Sí, MQMF, Madre Que Me Follaría, era mayor, pero estaba buena la jodía»
Sin comentarios.
Han visitado la empresa, han hecho fotos, les han hecho un ágape, en fin, tonterías varias.
Cuando se han ido, ha venido un compañero y me ha dicho: «¿Has visto a la MQMF que iba con todos esos?». ¿MQMF?, le digo yo. Y la respuesta de él me ha dejado que no he sabido qué decirle. «Sí, MQMF, Madre Que Me Follaría, era mayor, pero estaba buena la jodía»
Sin comentarios.
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